17 diciembre 2016

CENTENARIOS - 200 años del fallecimiento del Conde de Aranda

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II Centenario del fallecimiento  de  Pedro Pablo  Abarca, Conde de Aranda. Retrato  de Juan José Badenes Miralles  

Matasellos del Primer Día de Circulación

CENTENARIOS - 200 años del fallecimiento del Conde de Aranda
Fecha de emisión: 17 de abril de 1998
Valor: 35 pesetas
Tirada: 2.500.000
Papel: Estucado, engomado, fosforescente
Estampación: Huecograbado
Tamaño del sello: 28,8 x 40,9 mm. (vertical)
Dentado: 13 3/4
Pliegos: 50 efectos

Bajo este epígrafe se conmemora el segundo centenario del fallecimiento de Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda. Nacido 1719 en el seno de una conocida familia aristocrática aragonesa, el Décimo Conde de Aranda ha sido uno de los militares y políticos más destacados del siglo XVIII.
La carrera militar la inició muy temprano, viajando por Europa en cumplimiento de diversas misiones militares. Estuvo al servicio de cuatro reyes- Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV- y llegó a ser el capitán general más joven de Carlos III. Entre otros cargos ocupó el de embajador de España en Portugal y Polonia, director general de Artillería e Ingenieros, presidente del Consejo de Castilla, capitán general de Castilla, embajador y ministro plenipotenciario de España en París y secretario de Estado o primer ministro de Carlos IV.

Fue amigo de los enciclopedistas franceses, y durante los siete años que estuvo al frente del Consejo de Castilla impulsó una política reformista que le proporcionó una gran estima popular y el elogio de hombres como Voltaire. El Conde de Aranda se preocupó por las posesiones españolas de Ultramar y en su correspondencia se descubre, ya en aquellos años, la dificultad de conservar las colonias americanas que habrían de perderse 100 años más tarde. Demostró un gran interés por la realidad aragonesa e impulsó obras y proyectos como el Canal imperial de Aragón y la navegabilidad del Ebro. Su enfrentamiento con Godoy por abogar por la paz con Francia le llevó a ser desterrado a Jaén. En 1798 falleció en su palacio de Épila (Zaragoza) sin que se retractara de su conducía ni de sus ideas.

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