15 julio 2014

PINTURA ESPAÑOLA - SALVADOR DALÍ

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Port Alguer

Autorretrato blando con bacón frito


La cesta del pan.

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Prueba de Lujo.


Matasellos del Primer Día de Circulación

PINTURA ESPAÑOLA - SALVADOR DALÍ
Fecha de emisión: 22 abril 1994
Valor facial: 18 pesetas (2 valores), 29 pesetas (2 valores), 55 pesetas (2 valores) y 65 pesetas (2 valores)
Dentado: 13 ¾ x 14 (horizontal) ó 14 x 13 ¾ (vertical)
Impresión: Huecograbado
Tirada: 2.500.000
Pliegos: 50


La actividad pictórica de Dalí oscurece otras vertientes de su trayectoria vital, pues fue también escritor, diseñador, conferenciante y uno de los teóricos del movimiento surrealista. Se llamó Salvador Dalí Doménech, nació el 11 de mayo de 1904 en Figueras (Gerona) y es una de las máximas figuras de la pintura mundial del siglo XX.


Era hijo de un notario, y sus iniciales estudios de dibujo en Figueras le llevarían después a la Escuela de Bellas Artes de Madrid; allí se relaciona con componentes de la que sería llamada después "Generación del 27". Su primera exposición data de 1925, en Barcelona; un año después es expulsado de la Escuela de Bellas Artes donde se manifiesta soberbio, provocador y rebelde a todo convencionalismo. Durante aquellos años se produce públicamente, de manera insultante, contra los más destacados nombres del momento en las artes y en las letras, y en 1929 se distancia de su familia y su medio social y marcha a París.


En la capital francesa conoce a Bretón, Bataille y otras figuras del surrealismo. Allí se integra en el surrealismo francés y pasa a ser uno de sus más ardientes apologistas. Practica el "automatismo psíquico" en sus escritos y en su pintura. Bretón le organiza allí una exposición que constituye un paso importante para su pintura. Y también allí conoce a Gala Helena Diakonova, que será en adelante su compañera, su constante modelo, su musa y la inteligente encauzadora de sus actividades en su más práctico sentido. Pero Dalí es demasiado independiente para permanecer integrado en un grupo. Después de unos años, rompe con sus compañeros; y el poeta Bretón, el más caracterizado entre ellos, se pronuncia públicamente contra el pintor. No obstante, el distanciamiento de Dalí no lo fue contra la doctrina, pues siguió considerándose a sí mismo como el único y legítimo surrealista.
En efecto, Dalí mantendrá siempre una de las constantes del surrealismo, la de fijar plásticamente irrealidades obsesivas. En sus pinturas y en sus escritos practicó y defendió la creación espontánea basada en una forma irreal de conocimiento.


Alterna sus estancias entre París y Barcelona y en ambas ciudades pinta a la vez que escribe mientras se pronuncia abiertamente "contra todo". En 1939 va a Nueva York, donde ya obtiene un reconocimiento artístico internacional. Sus exposiciones se extienden a numerosos países con gran éxito; diseña joyas, publica obras donde late un desaforado culto a su propia personalidad, realiza decorados de ballet, ilustra libros, crea carteles y hasta colabora con Hitchcock en una película.


Vuelve a España en 1948; sus postulados revolucionarios se aquietan y adopta una actividad más conservadora, teñida de cierto misticismo peculiar. Fija de nuevo su domicilio en la costa gerundense y allí sigue pintando entre excentricidades y extravagancias. En sus últimos años crea en Figueras el Museo Dalí y la Fundación Gala-Dalí, se recluye en el castillo de Púbol y en él muere, en 1989, dejando su obra, al Estado.


Dalí tan admirado como denostado, es, pese a su conducta personal y a su egocentrismo, un artista genial. Realizó lo que él llamaba un "arte paranoico-crítico"; fijó plásticamente obsesiones, subjetivismos delirantes y fantasías oníricas en una obra personal, única e irrepetible.

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