30 mayo 2014

AEROGRAMA 1993

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II Centenario del intento de vuelo de Diego Marín Aguilera

Detalle del sello

AEROGRAMA 1993
Fecha de emisión: 15 marzo 1993
Valor facial: 65 pesetas
Tirada: 495.000


En el ser humano hay una aspiración que data, probablemente, de tiempos remotos: la de volar. La facilidad con que las aves cruzan el cielo, despertó siempre la admiración del hombre, avivando en su mente el deseo de imitarlas. Y durante muchos siglos, desde la leyenda mitológica de Icaro, cientos de soñadores, insensibles al ridículo y sin temor al fracaso, intentaron hacer realidad, el viejo anhelo de elevarse sobre la superficie de la tierra.

A uno de ellos está dedicado el aerograma de 1993. Se llamó Diego Marín Aguilera, y nació el año 1760 en la localidad burgalesa de Coruña del Conde. Es esta una población de origen antiquísimo, que parece ser la Clunia de los arévacos destruida por los bárbaros; ya se cita como conquistada por Almanzor en el siglo X y recuperada pocos años después por los condes de Castilla. Volviendo a Marín, fue aficionado a la mecánica y construyó, con ayuda del herrero del pueblo, Juan Barbero, un ingenio de madera con varillas metálicas y alumbres, todo lo cual constituyó un armazón que recubrió de plumas. Con ello pretendía volar hasta una población, Osma, situada a 30 kilómetros de su pueblo natal, pero solo pudo hacerlo casi a ras de tierra y en una distancia de 400 metros.

El intento se realizó el 11 de mayo de 1793, y doscientos años más tarde, el aerograma recuerda a este innovador, que murió en 1804 sin poder realizar cumplidamente su sueño. No obstante, la incomprensión y el olvido fueron reparados: la Cofradía de Nuestra Señora de Loreto, de Aranda de Duero, y el Ministerio del Aire, rindieron homenaje a Diego Marín en 1973, erigiendo en la localidad donde nació, el monumento que reproduce el aerograma.

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