17 septiembre 2013

V CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA – VIAJES

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Navíos del siglo XVI






Matasellos del Primer Día de Circulación.








V CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA – VIAJES
Fecha de emisión: 15 octubre 1990
Valor facial: 8+5 pesetas (2 valores) y 20+5 pesetas (2 valores)
Dentado: 12 ¾ x13 ¼
Impresión: Huecograbado
Tirada: 3.000.000
Pliegos: 40

Una nueva serle de sellos se dedica al V Centenario del Descubrimiento, para cumplir el cual faltan, al aparecer la emisión, sólo dos años. El tema elegido es el de los viajes, y los sellos se ilustran con unas figuradas carabelas como las que cruzaron el Atlántico en 1492. El diseño se debe a Carmen Diez Contreras, joven pintora y grafista ovetense que firma sus trabajos como Carmen 10.
En el siglo XV los viajes marítimos en el Mediterráneo eran todavía un riesgo; en el Atlántico, pocas veces se rebasaba la costa africana más allá de Marruecos, y en lo posible se evitaban largas singladuras en el mar abierto hasta Poniente. Fernando Colón, hijo del Descubridor, dice que los marinos temían «los fuegos de los relámpagos, las furias del aire, las olas de las aguas y las rocas y arrecifes». Pero a todo ello se unían las medrosas leyendas que corrían de boca en boca: se hablaba de monstruos terroríficos, de una helada inmensidad al norte donde se abrían las puertas del infierno, de los peligros del Ecuador, en el que los hombres se tornaban negros.
Colón ya conocía las islas Madeira y Azores, a las que había llegado durante su estancia en Portugal; pero nadie se había aventurado más allá a pesar de que los portugueses eran los más hábiles marinos de aquel tiempo. Y los temores y supersticiones, junto a la fragilidad de las naves, hacen más meritoria todavía la hazaña que hoy se disponen a conmemorar los países situados en ambas riberas de «la mar Oceana».
Este primer e histórico viaje se iniciaba el viernes 3 de agosto de 1492 en las cercanías de Huelva, junto a la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel, con una nao y dos carabelas. Setenta días después, pasadas las dos de la madrugada del 12 de octubre, un marinero de «La Pinta», la carabela más velera, llamado Juan Rodríguez Bermejo, pero más conocido por Rodrigo de Triana, descubría tierra y su grito llenaba de júbilo a la tripulación. Se había avistado la isla de Guanahaní, denominación que Colón cambiaría por la de San Salvador y hoy es llamada Watling, nombre de un bucanero que allí residió después.
Tres viajes más hizo Colón antes de morir, perdido el favor real, en el mayor desamparo y casi en la indigencia. Y muchos años tuvieron que pasar para que las travesías del Atlántico dejaran de ser una arriesgada empresa y se llevaran a cabo con una razonable seguridad.

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